10 razones para viajar a la Polinesia Francesa

Sinónimo de paraíso para muchos, la Polinesia Francesa es probablemente el viaje de los sueños de todo viajero. Quizá te venga a la mente como destino asociado a una luna de miel, pero no necesitas casarte para viajar a Tahití, Bora Bora o sus islas vecinas. Se me ocurren un millón de motivos por los que cruzar el mundo hasta mitad del Océano Pacífico. Pero estoy convencida que, con sólo decirte 10 razones para viajar a la Polinesia Francesa, serán más que suficientes para despertar tus ganas de ir. ¿Nos vamos? 🐠

Vivir por unos días en el paraíso

¿Quién no quiere despertarse en un bungalow delante de un mar turquesa? Imagínate desayunar en una pequeña terraza sobre el agua, mientras las mantarrayas y peces de colores nadan bajo tus pies. Pasear por sus playas de arena blanca o adentrarse en plena jungla. La Polinesia Francesa puede parecer un lugar soñado, pero es real y está esperándote con los brazos abiertos. ¿Te gustaría sentir que vives en el paraíso, aunque sea por unos días? No sé tú, pero yo no me lo tengo que pensar mucho.

Conocer la cultura Polinesia

Mientras ponemos de fondo el dulce sonido de un ukelele, nos adentramos en la exótica cultura isleña. El mes ideal para conocer la historia y tradiciones es julio, cuando se celebra el Heiva de Tahití. Se trata del mayor festival cultural de la Polinesia Francesa. Merece la pena hacer coincidir el viaje con estas fechas. Este evento congrega campeonatos de canto y danza, donde las mejores bailarinas contonean melódicamente las caderas. Las lagunas se llenan de canoas haciendo regatas y la música tradicional pone de fondo la banda sonora perfecta.

Observación de ballenas

Si uno de tus sueños es poder ver ballenas jorobadas (o del tipo que sea), la Polinesia Francesa es uno de los lugares más importantes de apareamiento. Estos cetáceos migran aquí entre los meses de julio y octubre para llevar a cabo curiosos rituales de seducción. Una imagen muy tierna que podrás observar es cómo las ballenas cuidan de sus crías y nadan juntas. Todo un espectáculo de la naturaleza.

Disfrutar de su gastronomía

Como en todo viaje que se precie, no puedo omitir la gastronomía como una de las razones para viajar a la Polinesia Francesa. Para mí, probar comida local, es una de las mejores experiencias de viajar. El pescado está muy presente en la gastronomía tahitiana, uno de los platos más populares es el pescado crudo en leche de coco. Suele hacerse de atún, bonito, peto, dorado o pez loro. Si no te gusta el pescado crudo no te apures, también lo sirven cocinado a la parrilla. La gastronomía Polinesia tiene influencias chinas. Esto se debe a un importante número de inmigrantes que llegaron a Tahití desde China como obra de mano barata. Prueba de ello es el Chow mein, unos fideos chinos salteados. Todo ello, debe de ir acompañado de una Hinano bien fresquita, la cerveza predilecta de la Polinesia Francesa.

Ver un mundo bajo el mar

Las islas de la Polinesia Francesa, rodeadas en su gran mayoría de corales, se convierten en uno de los lugares más atractivos del planeta para disfrutar de la vida marina. Si además, dispones de titulación para el buceo con botella y te gusta vivir emociones más fuertes, aquí tendrás la oportunidad de sumergirte y nadar junto a tiburones, mantas raya o delfines. Si no te sientes tan intrépido, también es una fantástica idea el snorkel. Podrás ver coloridos corales, innumerables peces de arrecife y rayas entre otros animales marinos.

Explorar su variada geología

Pero no todo es mar y playa en la Polinesia Francesa. Tiene una gran variedad geológica. Si nos remontamos miles (o millones) de años atrás, estas islas nacieron de volcanes. Aunque hoy en día están todos extintos, se conservan las montañas verdes en los centros de las islas, rodeadas de una laguna turquesa y separadas del mar por arrecifes naturales. Estos accidentes geológicos forman un patrón común en islas como Moorea, Tahití o Bora Bora, entre las más conocidas. Por eso, una buena razón para viajar a la Polinesia Francesa es complementar sus playas paradisiacas con el entorno de naturaleza selvática y montañosa.

Aprender la danza tahitiana

Para fusionarnos más todavía con la cultura local, ¿porqué no aprender la danza tahitiana tradicional? Pocas veces tendremos la oportunidad de ponernos una colorida falda de flecos y dos cocos como traje de baile (en el caso de las mujeres, claro está). Este enérgico baile a golpe de cadera y siguiendo el ritmo de los tambores, seguro se convertirá en un momento muy divertido para recordar.

Surfea las olas más gigantes

En Teahupoo, perteneciente a la isla de Tahítí, se celebra desde hace 20 años una de las pruebas correspondientes al Campeonato Mundial de Surf. Seas surfista o no, es todo un espectáculo presenciar la violencia de las olas en este lugar. Fácilmente alcanzan los 5 metros de altura, pero se han llegado a registrar incluso 10 metros. Lo que más asusta a los surfistas no es cuan altas son, si no la brutalidad de su fuerza. ¿Te atreverías a mostrar aquí tus destrezas sobre la tabla?

Maravillarse con sus atardeceres

La puesta de sol en las islas juega en una división superior. El contraste de colores que pintan el cielo no necesitan Photoshop, son simplemente especulares. Y por supuesto, no podía ser de otra forma en la Polinesia Francesa. Cada tarde te espera una cita romántica con el atardecer.

Dejar de soñar y vivir la Polinesia Francesa

Y por último, una de las 10 razones para viajar a la Polinesia Francesa es cumplir un sueño y vivirlo de verdad. Es posible que pienses que es un viaje impagable porque se asocia al lujo, pero créeme que no es así. Al igual que en muchísimos destinos, existen opciones más asequibles. Las horas de avión para llegar no te las puedo reducir, pero el precio varía según la temporada, te aconsejo jugar con eso. En cuanto al alojamiento, compara la oferta de varias islas, ya que algunas son más económicas que otras. Lo más importante al fin y al cabo no son las estrellas del hotel, es vivir la experiencia de conocer un paraíso único.

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